martes, 10 de junio de 2008

NOCTURNO, Rubén Darío

Los que auscultasteis el corazón de la noche,
los que por el insomnio tenaz habéis oído
el cerrar de una puerta, el resonar de un coche
lejano, un eco vago, un ligero ruido...

En los instantes del silencio misterioso,
cuando surgen de su prisión los olvidos,
en la hora de los muertos, en la hora del reposo,
sabéis leer los versos de amargor impregnados.

Como en un vaso vierto en ellos mis dolores
y lejanos recuerdos y desgracias funestas,
y las tristes nostalgias de mi alma, ebria de flore,
y el duelo de mi corazón, triste de fiestas.

Y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido,
la perdida del reino que estaba en mí,
el pensar que un instante pude no haber nacido,
y el sueño que es mi vida desde que yo nací

Todo esto viene del silencio profundo
en que la noche envuelve la terrena ilusión,
y siento como un eco del corazón del mundo
penetra y conmueve mi propio corazón.

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