en apenas escasos meses de vida, tantos
dolores en tus ojos, que esperan tantos llantos
por el fatal pensar que revelan tus sienes...
Tarda en venir a este dolor a donde vienes,
a este mundo terrible en duelos y espantos;
Duerme bajo los ángeles sueña bajo los santos,
que ya tendrás la vida para que te envenenes....
Sueña hijo mío, todavía: y cuando crezcas;
perdóname el fatal don de darte la vida,
que yo hubiera querido de azul y rosas frescas;
pues tu eres la crisálida de mi alma entristesida
y te he de ver en medio del triunfo que merezcas
renovando el fulgor de mi psique abolida.
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