jueves, 12 de junio de 2008

A PHOCÁS

Phocás, hijo mío, que tienes
en apenas escasos meses de vida, tantos

dolores en tus ojos, que esperan tantos llantos
por el fatal pensar que revelan tus sienes...

Tarda en venir a este dolor a donde vienes,
a este mundo terrible en duelos y espantos;
Duerme bajo los ángeles sueña bajo los santos,
que ya tendrás la vida para que te envenenes....

Sueña hijo mío, todavía: y cuando crezcas;
perdóname el fatal don de darte la vida,
que yo hubiera querido de azul y rosas frescas;

pues tu eres la crisálida de mi alma entristesida

y te he de ver en medio del triunfo que merezcas
renovando el fulgor de mi psique abolida.



No hay comentarios: