jueves, 12 de junio de 2008

A PHOCÁS

Phocás, hijo mío, que tienes
en apenas escasos meses de vida, tantos

dolores en tus ojos, que esperan tantos llantos
por el fatal pensar que revelan tus sienes...

Tarda en venir a este dolor a donde vienes,
a este mundo terrible en duelos y espantos;
Duerme bajo los ángeles sueña bajo los santos,
que ya tendrás la vida para que te envenenes....

Sueña hijo mío, todavía: y cuando crezcas;
perdóname el fatal don de darte la vida,
que yo hubiera querido de azul y rosas frescas;

pues tu eres la crisálida de mi alma entristesida

y te he de ver en medio del triunfo que merezcas
renovando el fulgor de mi psique abolida.



TRISTE DESPEDIDA, La más triste de todas

Hace un año, sucedió un acontecimiento bellísimo...
Nació Ariel. Mas al mes de vida, decidió regresar al lugar de donde vino...
Fue devastador para sus padres, para sus abuelos y para nosotros sus tíos que ansiábamos su recuperación.
Fue duro...

Carta enviada por Soledad, Madre de Ariel a todos quienes estuvimos presentes aquel instante...


" Es difícil comenzar a agradecer a cada uno de ustedes por acompañarnos en este viaje que comenzó el día en que Ariel nos dijo adiós. Es difícil porque l
as palabras no parecen ser suficientes para plasmar los sentimientos, también porque a pocos días ya sentimos el inmenso vacío de su ausencia.
Fueron detalles los que hicieron de ese momento lo que fue... fue la paz, la dulzura, el respeto y el cariño lo que nos dejó con el corazón tranquilo... Fueron ustedes los que hicieron de nuestra despedida un acontecimiento imborrable.
Muchas gracias por su preocupación, los buenos deseos y las fuerzas, por haber estado aquí. Gracias por haber querido a nuestro pequeño aún sin haberlo conocido con toda la luz de su vida.
Cada uno de ustedes le dió a Ariel la bendición de haber s
ido querido por lo que era... Estamos seguros que de alguna manera se devolverá esa bendición en sus propias vidas.


Con Cariño Sole, Denis y Ariel



Hoy, esperamos felices la llegada de un nuevo integrante a nuestra familia. Sí, Ariel tendrá un hermano...


martes, 10 de junio de 2008

LA VOZ DEL MAESTRO, Khalil Gibrán

Esta es mi historia. ¿Cómo voy a poder terminarla, cuando en realidad no tiene fin?

Me quedé arrodillado ante el féretro, hundido en el silencio y estuve contemplando aquél semblante angelical hasta que llegó la aurora. Entonces me levanté y volví a mi aposento, abatido bajo el peso abrumador de la Eternidad y sostenido por el dolor de toda la humanidad sufriente.


Un pequeñísimo fragmento de un maravilloso libro que recomiendo leer, es muy fácil de encontrar en línea...

UN LLANTO AZUL, Poldy Bird

De "Cuentos para leer sin rimmel"

Me he cepillado el pelo hasta dejarlo brillante, me he puesto mi vestido verde – el que te gusta – y he cruzado la plaza para llenarme los ojos con esa luz que se cuela entre las copas de los árboles y deja dos escarabajos de oro en mis pupilas. Porque voy a verte.Porque voy a verte aún sabiendo que es para decirte adiós, para que me digas adiós, para que me aprietes las manos entre las tuyas y me hables del amor que ha crecido entre nosotros, pero no es una enredadera que da campanillas violáceas sino una hiedra oscura , que nunca sabrá de flores.
Sé todo lo que va a ocurrir:
Rodará un llanto azul por mi mejilla.
La nombrarás para sentirte menos culpable. Hablarás de ella, de sus años de fervor y entrega, de las tranquilas paredes de tu casa, sacudidas por las pequeñas manchas que les hicieron las manos de tus hijos. Hablarás también de ellos: dirás sus nombres con voz trémula, y yo me estremeceré y los acunaré en mi mente, como si me pertenecieran.
Es tu “yo pecador” hablarme de eso, después de haber soltado amarras, después de haber viajado conmigo entre tus brazos por un mar de ángeles sentenciosos y risas asfixiadas por tus besos y vientos de fuego quemándose en la sencilla y honda ceremonia de la pasión y el estremecimiento. Cuando me confesaste que no eras libre, ya estaba enamorada de vos, ya me querías. Sentí que el universo se vaciaba y me tragaba en sucesivos terremotos; que me hundía buscando donde apoyar los pies.
Pero te quiero- dijiste.
Y la tierra volvió bajo mis pies, se cerraron las grietas, se soldaron los abismos, todas las cosas volvieron a su lugar.
Tan sólo una pátina gris sobre mi vida, sobre mi cuerpo, oscureciéndose, aplastando mis movimientos hasta volverlos lentos gestos de autómata.
-Pero te quiero.
Me colgué de esas tres palabras para no morir. Entonces empezó la ansiedad de nuestros encuentros.
Empezaste a nombrarla cada vez, a armarla para mí, para que supiera sus colores, sus actos, su forma de pensar.
Tan distinta de mí. Tan distante de vos y, sin embargo, teniéndote. Porque vos no sabías – todavía no sabías- que era ella y no yo quien te tenía.
Y yo lo fui sabiendo – sin querer, sin proponerme saber -, lo fui sabiendo día a día y fui ocultándotelo con miedo de que lo advirtieras. Mientras no lo supieras me albergarías en un rincón de tu ser y de tu mente y seguirías pensando que yo era tu motor, que yo era la corriente de luz que te impulsaba, tu oasis, tu huerto y engalanado de frutos para el hambre y arroyos para la sed. Egoísta, aferrada, empecinada, recortándote con el filoso cuchillo de la posesión; recortándote de tu estampa familiar en la que ellos te rodeaban, pude alargar mi agonía.
¿En qué momento descubre el árbol que su verdad es la raíz y no el libre ramaje que lo acerca al cielo y lo agita en el aire?.
¿En qué momento ibas a darte cuenta de esto? Unas semanas más, y sucedió.
Era lo inevitable, lo esperado con miedo, lo presentido. Eran los fantasmas corporizándose.
Me llamaste con una voz triste, pero segura y firme:
-Tengo que hablar con vos, por última vez...
-Bueno...
-Mañana, Ana; mañana a las tres de la tarde.
Y hoy es mañana.
Rodará un llanto azul por mi mejilla en el momento del adiós. Rodará un llanto azul por tu mejilla en el momento de la verdad.
¿Por qué entonces este afán de gustarte, este cruzar la plaza para llenarme de luz dando la hora del encuentro, si sé que va a ser el último y nunca más, nunca, nunca más volveré a verte, volveré a estrecharme contra vos?.
Voy a morir un poco y me acicalo. Voy al entierro de mi luz y me ilumino. Voy al martirio y río. Azucaro el café, lo siento amargo. Tiemblo, te quiero. Voy a evitarte una tortura. Voy a hacer algo por el amor que me recorre, que me aprieta frente al límite de tu olvido. Llamo al mozo, pago mi café.
Huyo. Huyo de este lugar y del encuentro. Me esperarás en vano. No verás mis ojos mojados. No tendrás que decirme tu discurso de despedida. No responderé a tus llamados, si me llamás. Ya ves te facilito la tarea. Evito que te conviertas en mi verdugo. No es un acto de arrojo solamente; es una forma de inventarme la manera de creer que hubiera rodado un llanto azul por tu mejilla en el momento de la despedida.
Un llanto azul por mí. Un llanto azul.
Porque si voy y estás sereno y duro, si voy y tus ojos permanecen secos, será la muerte verdadera, así... puedo llenarde azul este recuerdo.

De un llanto azul, un llanto azul por mí.

NOCTURNO, Rubén Darío

Los que auscultasteis el corazón de la noche,
los que por el insomnio tenaz habéis oído
el cerrar de una puerta, el resonar de un coche
lejano, un eco vago, un ligero ruido...

En los instantes del silencio misterioso,
cuando surgen de su prisión los olvidos,
en la hora de los muertos, en la hora del reposo,
sabéis leer los versos de amargor impregnados.

Como en un vaso vierto en ellos mis dolores
y lejanos recuerdos y desgracias funestas,
y las tristes nostalgias de mi alma, ebria de flore,
y el duelo de mi corazón, triste de fiestas.

Y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido,
la perdida del reino que estaba en mí,
el pensar que un instante pude no haber nacido,
y el sueño que es mi vida desde que yo nací

Todo esto viene del silencio profundo
en que la noche envuelve la terrena ilusión,
y siento como un eco del corazón del mundo
penetra y conmueve mi propio corazón.
..." El ánfora funesta del divino veneno
que ha de hacer por la vida la tortura interior,
la conciencia espantable de nuestro humano cieno,
y el horror de sentirse pasajero,
el horror de ir a tientas,
e intermitentes espantos,
y hacia lo inevitable desconocido,
¡ y la pesadilla brutal de este dormir de llantos
de la cual no hay más que ella, que nos despertará!"...

Rima XII (1887) Rubén Darío

¿Que no hay alma? ¡insensatos!
Yo la he visto: es de luz
Se asoma en tus pupilas
cuando me miras tú.

¿Que no hay cielo? ¡mentira!
¿Quereis verle? Aquí está.
Muetra, niña gentil,
ese rostro sin par,
y que de oro lo bañe el sol primaveral.

¿Que no hay Dios? ¡Que Blasfemia!
Yo he contemplado a dios...
En aquel casto y puro primer beso de amor,
cuando nuestras almas las nupcias consagró.

¿Que no hay infierno? Si hay...
(cállate, corazón,
que esto por desgracia lo sabemos tú y yo).